Cuando el Mundo se llena de Tinieblas siempre emerge una Luz.

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martes, 24 de octubre de 2017

Respuestas sobre el Bien

En respuesta al comentario de un lector, Lucas Fdez, a la entrada anterior quiero contestar a las diversas preguntas que me plantea.

¿Hay un Bien absoluto?

Sí, en el Bien absoluto se juntan las dos aspiraciones humanas fundamentales, lo correcto y la felicidad absolutas, pero alcanzarlo está lejos de las posibilidades humanas.

La idea de Bien absoluto no se puede obtener de un conocimiento estricto por la experiencia, es un ideal, una idea a priori, que podemos imaginar o, al menos, creer. En todo caso, alcanzar el Bien absoluto, no debe ser el fundamento de determinación de nuestra voluntad sino, simplemente, hacer el bien.

La vida no trata tanto de ser felices sino de ser dignos de esa felicidad para ello tenemos tanto el imperativo kantiano como la regla de Jesús. Trata a los demás como te gustaría ser tratado.

¿Podemos desear a los demás lo que deseamos?

Por supuesto, pero estamos perdiendo el tiempo. Cada persona tiene unos gustos y unas necesidades propias, si desconocemos su situación lo que para nosotros es bueno, para ellos puede ser un castigo. Dejemos que cada uno tenga sus propias deseos y aspiraciones.

¿Lleva el deseo al lado oscuro o más bien a la insatisfacción y a la frustración?

Indudablemente, como decía Aristóteles, todo en exceso o en defecto es malo, es en el término medio donde está la virtud. El desear algo no es malo en sí. Un exceso puede llevarnos al lado oscuro, movernos con fines exclusivamente egoístas, y también traernos insatisfacción y frustación al no alcanzar unos fines demasiado altos. Por defecto, no desear mejorar nuestra situación tampoco sería justo con nosotros mismos.

¿Existe Dios?

Dios existe, pero no es un humano, pensar así es como reconocer a los dioses humanizados de la antigua Grecia, con sus virtudes y sus propios defectos. Dios está en todas partes, en cada molécula, en cada ser, en todas partes, todos y todo formamos parte de Dios.

¿Si existe nos desea el Bien o nos ignora?

Te voy a dejar una Reflexión sobre Dios, de Baruch Spinoza, al que te aconsejo que leas, para veas una opinión muy cercana a la mía.

"Dios hubiera dicho:

¡Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho! Lo que  quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida. Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti, los ríos, los lagos, las playas. Ahí es en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti. Deja ya de culparme de tu vida miserable; yo nunca te dije que había nada mal en ti o que eras un pecador, o que tu sexualidad fuera algo malo. El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría.

Así que no me culpes a mí  por todo lo que te han hecho creer. Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada tienen que ver conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un  paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijito… ¡No me encontrarás en ningún libro!

Confía en mí y deja de pedirme, ¿me vas a decir a mí como hacer mi  trabajo? Deja de tenerme tanto miedo. Yo no te juzgo, ni te critico, ni me enojo, ni me molesto, ni castigo. Yo soy puro amor. Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar. Si yo te hice… yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias…  de libre albedrío,¿cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti? ¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice? ¿Crees que podría yo crear un lugar para  quemar a todos mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad? ¿Qué clase de dios puede hacer eso? Olvídate de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes; esas son artimañas para manipularte, para controlarte, que sólo crean culpa en ti.

Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para tí. Lo único que te pido es que pongas atención en  tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía. Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso. Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas.

Te he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro. Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno. No te podría decir si hay algo después de esta vida, pero  te puedo dar un consejo. Vive como si no lo hubiera. Como si esta fuera tu única  oportunidad de disfrutar, de amar, de existir. Así, si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di. Y si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy a preguntar ¿Te gustó?… ¿Te divertiste?… ¿Qué fue lo que más disfrutaste? ¿Que aprendiste?…

Deja de creer en mí; creer es suponer, adivinar, imaginar. Yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti. Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu amada, cuando arropas a tu hijita, cuando acaricias a tu perro, cuando te bañas en el mar.

Deja de alabarme, ¿qué clase de Dios ególatra crees que soy? Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan. ¿Te sientes agradecido? Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo. ¿Te sientes mirado, sobrecogido?… ¡Expresa tu alegría! Esa es la forma de alabarme.

Deja de complicarte las cosas y de repetir como perico lo que te han enseñado acerca de mí. Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está lleno de maravillas. ¿Para qué necesitas  más milagros?¿Para qué tantas explicaciones? No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro… ahí estoy, latiendo en ti."

¿Vale la pena perder el tiempo en filosofar?


Después de leer la anterior reflexión de Spinoza, ¿no crees que vale la pena perder un poco de tu tiempo en adquirir conocimientos para la vida?

martes, 17 de octubre de 2017

El Bien y lo Correcto

¿Qué es el Bien?

El Bien es aquello que es moralmente Correcto. Fácil, ¿verdad? A todos se nos ha inculcado la idea de que es eso lo que tenemos que hacer, ¿verdad? Pero algo tan, aparentemente, claro jamás estuvo tan difícil de definir.

Cuando se nos dice que debemos hacer el Bien la primera duda que nos asalta es, ¿el Bien para quién?¿Para los demás o para mí? ¿Qué es el Bien? ¿Qué es lo Correcto?¿Por qué tengo que hacerlo? Es comprensible esta primera impresión. La duda surge porque, ya desde Platón, el concepto de Bien es muy difícil de definir, a priori.

En Platón simplemente subyace el ideal del Bien en la idea suprema de conocer, el ideal del Saber, porque la gente no es mala por naturaleza, lo que pasa es que es ignorante. Por lo tanto, la filosofía se convertía en la herramienta indicada, ya que, por definición, Filo-amor, Sofía-saber, la filosofía es el amor por saber y es, al mismo tiempo, el amor por el Bien. Según Platón, las personas quieren hacer el Bien pero no saben, están ciegas, atados a sus condicionamientos en su "caverna", el Mal es la ausencia de Bien, el Mal es la ignorancia. Es una gran discurso, pero Platón no nos dice qué es el Bien, lo idealiza, y así huye de definirlo siendo labor del filósofo, con ayuda de la dialéctica y la filosofía como herramientas, saber que es. Es, en definitiva, un camino personal. Otros filósofos griegos, recogiendo el testigo de Platón, por ejemplo Epicuro, pretenden imponer sus propias teorías del Bien contraponiéndolo al dolor, haciéndolo algo físico, como señal para conocer a través de la experiencia, pero se acabó idealizando la ausencia del dolor buscando el placer, equivocando así el camino. A veces hacer el Bien supone hacer sacrificios personales, por lo tanto, esa primera teoría termina estrellándose contra la evidencia.

Tal ha sido la indefinición de este concepto, tan importante en nuestra vida como seres humanos, que muchos han aprovechado el vacío para llenarlo con sus propias teorías pues, ¿cómo se puede hacer el Bien si no sabemos qué es? Siglos después la Iglesia Cristiana, y así también lo hicieron las demás religiones, se apropiaron el papel de definir el Bien. El Bien, tal y como lo aprenden de la cultura judía, es cumplir la Ley de Dios, es decir, los Diez Mandamientos. Cuando los mandamientos, que son tan básicos, dejan de servir de código ético de conducta, ¿quién define el Bien en las demás situaciones? Entonces la Iglesia, como intérprete y conocedora de los "misterios" divinos, se erige con la potestad de decir qué está bien y qué está mal. Algo que se ha demostrado poco eficaz, ¿cómo se atreve otra persona a decirme qué está Bien cuándo no es capaz de cumplir sus propios mandatos?

En siglos posteriores tuvo que venir Kant a decirnos qué era el Bien. Algo que siempre estuvo definido "por otros" Kant tuvo la valentía de superar ese estado de dependencia moral de "los otros", sobre todo de las religiones, pero también del poder civil. No siempre todo lo que es legal es Bueno. Tal y como decía en su célebre frase: "¡Atrévete a saber!¡Ten valor de disponer de tu propio entendimiento!" Recoge el testigo de Platón de ser cada uno su propio guía, a través de la razón, quien busque su sentido, pero, claro, de repente depender de nuestro propio entendimiento, siendo libres de pensar, nos deja de pie frente al abismo de la ignorancia. Kant, que sabe muy bien el vacío al que nos asoma, no lo hace sin una herramienta de guía para que, nosotros mismos, seamos los que busquemos e indaguemos nuestra propias respuestas: Imperativo moral o categórico.

Muchos se confunden en la idea de Kant. Es un imperativo para con uno mismo, una obligación del propio razonamiento hacia uno mismo, no una sustitución de nuestra moral por otra moral externa y distinta a la religiosa, la nuestra. El tiempo de la moral externa, religiosa o civil, ya había pasado y era la que había imperado todos estos siglos. Nos da la madurez personal para autoregularnos pero no nos daba la autoridad moral para imponer a otros lo que nosotros consideremos Bueno o Correcto. Así es como se ha llegado a desvirtuar su mensaje y autores como Nietzsche llegaron a proponer la ética del más fuerte, una ética aristócrata y autoritaria, impuesta por el más apto, el más fuerte. De hecho llegó a dudar de la obligación de hacer el Bien.

El imperativo categórico kantiano coincide con el mandamiento cristiano de "ama al prójimo como a ti mismo". Realmente Jesús, en los evangelios, nos define el mandamiento más importante pero la ignorancia y el interés particular lo han ocultado. De los Diez Mandamientos, que propone como suficientes para alcanzar la Vida Eterna, entendida como la Felicidad en la filosofía kantiana, se pueden resumir en Dos mandamientos que son, en realidad:

- Ama a Dios sobre todas las cosas, con todo tu corazón y con toda tu mente,
- y ama al prójimo como a ti mismo.

Teniendo toda esta información podemos ya contestar a todas las preguntas sobre el Bien:

¿Estamos obligados a hacer el Bien? No, depende de nosotros mismos, es una auto obligación en el mejor de los casos pero, como seres libres que somos, el no hacer el Bien conlleva sus propias consecuencias.

¿Qué es el Bien? Tratar a los demás como me gustaría ser tratado a mi mismo. Sé empático con los demás pues en la situación del otro debemos pensar qué querríamos que nos hiciesen a nosotros mismos.

¿Qué beneficio nos traerá hacer el Bien? La sensación de merecernos la felicidad, la recompensa de ser felices, porque tendremos la conciencia tranquila. No tiene porqué pensar el otro que hacemos lo correcto, ni tiene porqué saberlo, es una obligación propia, nuestra, y somos a nosotros quienes debemos rendirnos cuentas y no a los demás.

¿El Bien es relativo según los ojos que lo miran? Sí y no. El Bien es una realidad absoluta pues es bueno todo aquello que mejora, perfecciona y/o completa algo o a alguien. Pero no somos perfectos y, por lo tanto, a la hora de concretar ese ideal de bien en la realidad cada uno de nosotros puede tener una visión particular de lo que es bueno.

Si el Bien es una idea absoluta, ¿por qué no todos coincidimos en lo que es el Bien? La definición de Bien es, como bien definía Platón, una búsqueda personal, no tenéis que guiaros ciegamente por nadie, ni siquiera por mí. Liberaos de vuestras cadenas y condicionamientos. Recordad que no tenemos porqué coincidir todos en los mismos conceptos, porque cada uno tenemos una experiencia y unos conocimientos distintos, pero sí es verdad que según aumentemos en esos conocimientos y en esa búsqueda iremos convergiendo en un ideal más o menos similar. Lo importante es empezar a preguntaros y con las preguntas saldrán, poco a poco, las respuestas.

Si tenéis alguna pregunta sobre el Bien podéis plantearla e intentaré responderla pero solo soy un guía.

¡Atreveos a pensar!