Un año más entramos en una semana de recogimiento y, a la vez, fiesta para el mundo cristiano y católico como es el de la Semana Santa.
Es una Semana en la cual recordamos cómo Jesús, aún sabiendo lo que suponía quedarse en Jerusalén, se quedó, aceptó su destino y no se rindió en ningún momento a pesar de las torturas.
¿Qué opciones tenemos?
Ante los problemas tenemos dos opciones: huir o afrontarlos. No hay que confundir huir con evitarlos, pero una vez que no lo hemos podido evitar, solo queda una opción. Con huir, los problemas no se van, simplemente los posponemos. Solo queda afrontarlos, de la mejor manera posible, con dignidad y autorrespeto. En esta semana recordamos como el Hijo de Dios enfrentó el peor destino como ser humano: La muerte, lenta y dolorosa, en la Cruz. No huyó porque no era la solución, tarde o temprano volvería sobre él, así, sin quejarse ni protestar, afrontó su destino.
¿Qué significa rendirse?
Protestar es desesperar. Es reconocer la derrota. Mantener el tipo y afrontar las consecuencias es lo que nos llena de dignidad y respeto. Hay que saber que hay cosas que está a nuestro alcance cambiar, y si es posible, las cambiamos. Si no es posible cambiarlas, no perderemos el tiempo preocupándonos. Sigue adelante. Para saber si podemos cambiar las cosas primero hay que informarse de qué opciones están en nuestra mano. Estudiar el terreno. Una vez conozcamos todas las opciones actuaremos. Basta de preocupaciones. Como reza el antiguo adagio chino: "Si un problema tiene solución, ¿para qué te preocupas?, si un problema no tiene solución, ¿para qué te preocupas?".
Se puede decir que Jesús cumplió lo que pedía Séneca, poniéndose como ejemplo, con su valor y esfuerzo, obtuvo la felicidad y satisfacción por el deber cumplido: "Yo veré la muerte con la misma cara que oigo hablar de ella; yo me someteré a los trabajos, por grandes que sean, sosteniendo el cuerpo con el ánimo; [...]. Y cuando la naturaleza reclame mi espíritu o mi razón lo despida, me iré con el testimonio de haber amado la conciencia recta y las buenas inclinaciones, sin haber mermado la libertad de nadie, y menos la mía".
Eso es lo que entiendo que esta semana, de reflexión, recogimiento y fiesta, representa para mí y, por todo ello, os deseo una Feliz Semana Santa.
