Pensar la fe. Habitar el presente. Vivir en libertad.

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martes, 19 de septiembre de 2017

La Libertad

Dado que el Ser Humano no quiere ser perturbado ni mostrarse inseguro, establece un patrón de conducta, de pensamiento, un patrón de relación con otros seres humanos, etc. Entonces se convierte en esclavo de dicho patrón considerándolo algo real, algo tangible y verdadero cuando, en realidad, es un condicionamiento. Es una cadena.

Un error repetido durante siglos se convierte en Verdad, se transforma en Ley, creando un obstáculo en el camino del autoconocimiento. La Fe se convierte en ignorancia y nos atrapa en un círculo vicioso del que nos es muy difícil salir.

Todo condicionamiento, como método estático, es la respuesta de un Ser Humano concreto, una hipótesis, una respuesta particular pero ese condicionamiento no es la Verdad en sí. Puede contener algo de verdad, pero no es la Verdad. ¿Dónde buscar la Verdad? En todas partes. Deshazte de los condicionamientos y convierte esa actitud en tu forma de actuar. Cuando existe una "forma", existe limitación, si estamos dentro de la circunferencia, estamos atrapados, sin vida.

Existen multitud de puntos de vista y, por ello, no debemos limitarnos a uno solo. Debemos abordarlos todos con nuestro propio conocimiento y circunstancias. El Ser Humano siempre se encuentra en proceso de aprendizaje. Aprende cual es la causa de tu propia ignorancia. Trasciende lo establecido. Haz lo que creas correcto. Piensa y, por lo tanto, serás.

Para hacer lo correcto debes liberarte de los condicionamientos. Hacer algo porque alguien o algo te dice que hay que hacerlo, no es actuar correctamente, es obedecer. Libera tu mente. Ser libre significa estar desprovisto de restricción externa, significa observar atentamente lo que haces normalmente, sin condenar ni aprobar. Simplemente, limítate a observar. No te esfuerces en "llegar a ser", simplemente "sé", rompe así con tus cadenas.

La Armadura de Dios

jueves, 31 de agosto de 2017

La Armadura de Dios

"Conforme a las obras, será la retribución:
furor para sus adversarios, represalia para sus enemigos." Isaías 59:18

Hay momentos en los que la fe en nosotros mismos y en las bondades de obrar correctamente se tambalea o corre el riesgo de fallarnos. Mucho dolor y miedo se cierne sobre nosotros al sufrir en nuestras carnes el horror del terrorismo pero también en las dificultades del día a día.

Recordemos las palabras del profeta Isaías y actuemos con confianza pues, en verdad, conforme a las obras, será la retribución. Unos lo llaman Voluntad de Dios, otros lo llamarán Karma, pero no importa el nombre.

La lucha no es contra enemigos de carne y sangre sino contra este Mundo de Tinieblas y los espíritus del mal que habitan en el Mundo.

Tomemos la Armadura de Dios para resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos. ¿Cómo usar la Armadura?

Cultiva tu propio poder interno.

Tenemos algo muy poderoso que es tu libertad, tu libertad interior, por lo tanto libera tu mente de condicionamientos, prejuicios y, sobre todo, de tu Ego. Parafraseando a Guro Jiddu Krishnamurti: No seas alguien, sé nadie, recuerda que a nadie no se le puede herir, dañar ni manipular.

Respeta la vida de los demás y de todo lo que existe en el mundo.

El karma es positivo y negativo aunque no todas las cosas malas que te ocurren tienen por qué tener base en una actuación mala. Lo que es seguro es que si actúas bien se te retribuirá, pero también, como decía Napoleón Hill: toda adversidad, todo fracaso, lleva en sí la semilla de un beneficio igual o mayor. Por todo ello, ten confianza en tí.

No trates de forzar, manipular o controlar a los otros

Bastante tenemos con conocernos y aceptarnos. Usar tu tiempo para cambiar a los demás es perder tiempo en cambiarnos a nosotros mismos. Usa el bien más preciado que tienes, tu tiempo, en tí. Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás en ser lo que son, o lo que tienen la capacidad de ser.

Miles Christi, Bellator Domini


lunes, 5 de junio de 2017

Miles Christi, bellator Domini


"Igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum" Vegecio


Estamos en una época extraña, como de ensueño, de paz y moderada prosperidad en la que, de vez en cuando, noticias crueles como la del atentado de Londres, París, Orlando, Bruselas, Berlín y tantos otros lugares nos asaltan para recordarnos lo frágil y efímera que es la vida humana. Quizá nos lo recuerdan con demasiada frecuencia.

Esta vez han sido los atentados terroristas los que usan la excusa de la religión musulmana para causar gran dolor a las personas que les rodean pero, no lo olvidemos, la violencia se manifiesta de las formas más diversas y con las excusas más variadas pero con el mismo fin: acabar con la vida de inocentes y provocar el terror en la sociedad.

Es hora de que haya personas dispuestas a trabajar de forma desinteresada por aquello que es justo y bueno para la sociedad. Es nuestro deber velar para que la paz continúe.

Una de las principales razones de la creación de este blog, o punto de reunión, era precisamente el de dar a conocer que hay gente que queremos recuperar esos ideales cristianos, heredados de las Órdenes de Caballería, de ayuda y defensa de los más necesitados. Y no hay nadie más necesitado que los que sufren la violencia en nuestros días en sus diferentes formas y facetas. Ahí debemos demostrar nuestra valía.

No es una afición, es un estilo de vida, que conlleva una preparación continua y diaria, empezando con pequeños gestos y sacrificios, pero cuyo fin último es la defensa del necesitado y apoyo de la persona en apuros. No podemos ser iguales que ellos. Somos mejores. Todos podemos ser víctimas, pero no seremos víctimas sin luchar. Consigamos una vida más plena para cada uno de los integrantes de la sociedad.


Señor, haz de mí un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensa, ponga yo perdón,
donde haya discordia, ponga yo unión,
donde haya error, ponga yo verdad,
donde haya duda, ponga yo la fe,
donde haya desesperación, ponga yo esperanza,
donde haya tinieblas, ponga yo la luz,
donde haya tristeza, ponga yo alegría.

Oh, Maestro, que no busque yo tanto
ser consolado como consolar,
ser comprendido como comprender,
ser amado como amar.

Porque dando se recibe,
olvidando se encuentra,
perdonando se es perdonado,
y muriendo se resucita a la vida eterna.